La hipertensión NO afecta a todos los latinos por igual: el Caribe bajo la lupa
15 de Septiembre del 2026
Nuevos datos de JAMA Network Open muestran importantes diferencias en la aparición y el control de la hipertensión entre adultos hispanos de distintos orígenes. Para República Dominicana y el Caribe, los resultados plantean una pregunta cada vez más importante: ¿podemos seguir estudiando a la población latina como si fuera un solo grupo?
En Estados Unidos viven cerca de 68 millones de personas que se identifican como hispanas o latinas. Pero detrás de esa categoría existe una enorme diversidad de orígenes, costumbres, exposiciones ambientales, condiciones socioeconómicas y perfiles de riesgo cardiovascular.
Puerto Rico, Cuba y República Dominicana constituyen una parte importante de esa población. Según cálculos basados en la American Community Survey 2024 del U.S. Census Bureau, aproximadamente 11.6 millones de personas en Estados Unidos se identifican con alguno de esos tres orígenes, equivalentes a cerca del 17% de toda la población hispana del país.
Dicho de otra manera: aproximadamente uno de cada seis hispanos en Estados Unidos pertenece a uno de los tres grandes grupos del Caribe hispano.
Por eso adquieren especial relevancia los resultados publicados recientemente en JAMA Network Open por Drexler y colaboradores, utilizando información del Hispanic Community Health Study/Study of Latinos (HCHS/SOL), uno de los mayores estudios longitudinales dedicados a investigar la salud cardiovascular de la población hispana en Estados Unidos [1].
Los resultados dejan un mensaje difícil de ignorar:
la hipertensión es extremadamente frecuente entre los adultos hispanos, su control continúa siendo insuficiente y el riesgo no parece distribuirse de manera uniforme entre los diferentes grupos de origen.
La mitad desarrolló hipertensión en aproximadamente 12 años
El nuevo estudio analizó 9,061 adultos hispanos o latinos, inicialmente reclutados en cuatro grandes centros urbanos de Estados Unidos: Bronx, Chicago, Miami y San Diego.
Los participantes fueron evaluados durante tres períodos comprendidos entre 2008 y 2024.
Entre las 5,082 personas que no tenían hipertensión al inicio, el 50.5% desarrolló hipertensión durante un seguimiento promedio de 12.4 años.
Esto equivale a una incidencia ajustada por edad de aproximadamente 36 nuevos casos por cada 1,000 personas-año [1].
La magnitud del hallazgo resulta particularmente relevante porque gran parte de la cohorte comenzó el estudio durante la adultez temprana o media. La edad promedio inicial era de aproximadamente 41 años.
La hipertensión, por tanto, no aparece solamente como una enfermedad asociada a edades avanzadas. La exposición acumulada a presión arterial elevada durante décadas puede convertirse en uno de los principales determinantes posteriores de accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca, enfermedad renal, fibrilación auricular y enfermedad coronaria.
Esta preocupación coincide con el enfoque de las guías ACC/AHA de 2025, que mantienen como objetivo general de tratamiento una presión arterial inferior a 130/80 mmHg y dan mayor importancia al riesgo cardiovascular acumulado durante la vida, no solamente al riesgo de sufrir un evento en los próximos años [5].
El dato más interesante: no todos los grupos hispanos tuvieron el mismo comportamiento
Cuando los investigadores separaron a los participantes de acuerdo con su origen, aparecieron diferencias importantes.
La incidencia de hipertensión fue de aproximadamente:
51.1 casos por 1,000 personas-año entre cubanos,
39.2 entre dominicanos,
38.3 entre puertorriqueños,
29.9 entre mexicanos y
27.1 entre sudamericanos [1].
Después de ajustar estadísticamente por múltiples características, las personas de origen cubano presentaron una tasa de incidencia aproximadamente 72% mayor, las de origen centroamericano 47% mayor y las de origen dominicano 43% mayor que el grupo sudamericano utilizado como referencia.
El resultado no significa que la nacionalidad determine biológicamente quién desarrollará hipertensión.
Esa sería una interpretación excesivamente simplista.
Los grupos estudiados difieren también en ingresos, obesidad, diabetes, dieta, actividad física, consumo de alcohol, acceso al sistema sanitario, condiciones de los vecindarios, historia migratoria, estrés psicosocial y numerosas exposiciones que pueden modificar el riesgo cardiovascular.
Precisamente ahí se encuentra uno de los principales mensajes del estudio:
“Hispano” no es una categoría clínica suficientemente específica.
Agrupar a mexicanos, dominicanos, cubanos, puertorriqueños, centroamericanos y sudamericanos dentro de una sola cifra puede ocultar diferencias epidemiológicas clínicamente importantes.
El Caribe aparece repetidamente entre los grupos con mayor carga
La observación tampoco surge por primera vez en este estudio.
En 2020, un análisis previo del mismo HCHS/SOL ya había encontrado diferencias en la incidencia de hipertensión según el origen de los participantes. Entre las mujeres, por ejemplo, las mayores incidencias se observaron en participantes puertorriqueñas, cubanas y dominicanas; entre los hombres destacaban los grupos cubano y dominicano [2].
Investigaciones anteriores del HCHS/SOL también habían mostrado una mayor prevalencia de hipertensión entre participantes de origen cubano, puertorriqueño y dominicano que entre varios de los demás grupos estudiados [7].
El nuevo seguimiento hasta 2024 fortalece esa señal porque permite observar la evolución de estas poblaciones durante más de una década.
En la evaluación más reciente, aproximadamente 77.1% de los participantes cubanos, 72.0% de los puertorriqueños y 71.3% de los dominicanos cumplían criterios de hipertensión. Entre los participantes sudamericanos la prevalencia fue de 56.3% y entre los mexicanos de 60.7% [1].
Estas cifras no deben interpretarse como prevalencias nacionales para Cuba, Puerto Rico o República Dominicana. El HCHS/SOL representa comunidades específicas de cuatro ciudades estadounidenses y no una muestra de toda América Latina.
Pero la diferencia entre grupos es suficientemente consistente como para justificar algo que la investigación cardiovascular latinoamericana necesita cada vez más:
estudiar nuestras poblaciones de manera desagregada.
Tener tratamiento no significa tener la presión controlada
Existe otro resultado posiblemente aún más preocupante.
Para la tercera evaluación, realizada entre 2020 y 2024, aproximadamente 67.9% de la cohorte cumplía criterios de hipertensión.
Sin embargo, solo 29.5% de las personas con hipertensión tenían cifras inferiores a 130/80 mmHg.
Incluso entre quienes recibían tratamiento antihipertensivo, solamente 34.7% alcanzaba ese objetivo [1].
Este dato requiere contexto.
El estudio utiliza la definición contemporánea de control de presión arterial: menos de 130/80 mmHg.
Cuando los investigadores utilizaron el antiguo umbral de menos de 140/90 mmHg, alrededor de 64% de las personas con hipertensión podían considerarse controladas.
La diferencia ilustra una transformación importante de la cardiología preventiva moderna.
Ya no basta preguntarse si una presión arterial está “muy alta”. El objetivo es disminuir durante décadas la exposición del sistema cardiovascular a niveles de presión capaces de producir daño arterial, cardíaco, cerebral y renal.
Por eso las guías actuales mantienen un objetivo general inferior a 130/80 mmHg y enfatizan cambios del estilo de vida, evaluación global del riesgo cardiovascular y tratamiento farmacológico cuando esté indicado [5].
¿Qué puede estar detrás de estas diferencias?
Probablemente no existe una sola explicación.
En el análisis de JAMA, el desarrollo de hipertensión también estuvo relacionado con mayor edad, sexo masculino, menores ingresos, sobrepeso u obesidad y mayor consumo de alcohol [1].
Otra investigación del HCHS/SOL utilizando la métrica Life’s Essential 8 de la American Heart Association encontró que apenas uno de cada cinco adultos hispanos estudiados tenía una salud cardiovascular considerada alta. Además, por cada disminución de 10 puntos en esa puntuación de salud cardiovascular, el riesgo posterior de hipertensión aumentaba aproximadamente 22% [3].
La puntuación Life’s Essential 8 integra factores como alimentación, actividad física, exposición al tabaco, sueño, peso corporal, colesterol, glucosa y presión arterial.
Esto refuerza una idea importante: las diferencias observadas entre poblaciones no deberían atribuirse automáticamente a su origen étnico.
El origen puede funcionar como marcador de un conjunto mucho más complejo de exposiciones sociales, metabólicas, culturales y ambientales.
El caso dominicano ofrece una pista especialmente interesante
Para República Dominicana existe una investigación que permite llevar esta discusión un paso más lejos.
En 2024, Alvarez y colaboradores compararon dominicanos residentes en Estados Unidos incluidos en HCHS/SOL con adultos estudiados directamente en República Dominicana mediante ENPREFAR-HAS 17 [4].
Utilizando el umbral tradicional de 140/90 mmHg, la prevalencia de hipertensión fue aproximadamente 30.5% entre los participantes residentes en República Dominicana y 26.9% entre los dominicanos estudiados en Estados Unidos.
Más interesante todavía: el control de la hipertensión fue bajo en ambos escenarios, alrededor de 36% en República Dominicana y 35% entre los dominicanos de Estados Unidos.
Además, tanto en República Dominicana como entre los dominicanos residentes en Estados Unidos, la obesidad y la diabetes se asociaron fuertemente con hipertensión [4].
Esta comparación ayuda a evitar una conclusión equivocada.
Los dominicanos no parecen tener un “destino hipertensivo” determinado simplemente por su ascendencia.
El entorno importa.
Cambian la alimentación, el nivel de actividad física, el acceso sanitario, las condiciones laborales, el estrés, la estructura social y múltiples exposiciones al migrar de un país a otro. Algunas pueden aumentar el riesgo y otras reducirlo.
Por eso estudiar poblaciones migrantes puede ofrecer una especie de experimento natural para comprender cuánto del riesgo cardiovascular depende de las condiciones en que vivimos.
Una oportunidad para la cardiología del Caribe
Para la investigación cardiovascular de República Dominicana y el resto del Caribe, estos trabajos dejan una pregunta importante.
¿Estamos caracterizando con suficiente profundidad nuestras propias poblaciones?
Sabemos que hipertensión, obesidad, diabetes, enfermedad renal y dislipidemia interactúan durante décadas antes de que aparezcan el infarto, el accidente cerebrovascular o la insuficiencia cardíaca.
Sin embargo, una gran parte de la evidencia utilizada para establecer estrategias de prevención continúa procediendo de poblaciones que no necesariamente representan nuestra realidad social, alimentaria y genética.
Los datos del HCHS/SOL muestran que incluso dentro de una misma categoría denominada “hispanos” existen diferencias importantes.
La consecuencia lógica no es crear tratamientos diferentes simplemente según la nacionalidad.
Es algo más útil:
medir mejor.
Necesitamos conocer con mayor precisión la incidencia de hipertensión, el grado de control, la obesidad, la diabetes, la enfermedad renal, los patrones alimentarios, la actividad física, el sueño, la adherencia terapéutica y las barreras de acceso al sistema sanitario dentro de nuestras propias comunidades.
De tratar cifras altas a prevenir décadas de exposición
La hipertensión continúa siendo uno de los factores modificables más importantes en cardiología.
Y el nuevo estudio aporta una perspectiva especialmente relevante: aproximadamente la mitad de quienes inicialmente estaban libres de hipertensión terminaron desarrollándola durante poco más de una década.
Por eso el reto no comienza cuando una persona llega a consulta con una presión de 170/100 mmHg.
Comienza muchos años antes.
Comienza con el peso corporal, la alimentación, la actividad física, el sueño, el consumo de alcohol, la salud metabólica, la detección temprana y la posibilidad de mantener una presión arterial normal durante la mayor parte posible de la vida.
El Caribe hispano representa aproximadamente uno de cada seis hispanos que viven en Estados Unidos, y cubanos, puertorriqueños y dominicanos aparecen repetidamente entre los grupos de interés en los estudios de hipertensión del HCHS/SOL.
Eso convierte estos resultados en algo más que una curiosidad epidemiológica estadounidense.
Son una invitación a estudiar con mayor profundidad la salud cardiovascular de nuestras propias poblaciones y a recordar que, incluso cuando compartimos un idioma y una región, el riesgo cardiovascular no necesariamente habla un solo español.
Referencias
- Drexler Y, Pathak SP, Cordero C, et al. Hypertension Incidence and Blood Pressure Control in Hispanic or Latino Adults in the HCHS/SOL Study. JAMA Network Open. 2026;9(8):e2631853. doi:10.1001/jamanetworkopen.2026.31853.
- Elfassy T, Zeki Al Hazzouri A, Cai J, et al. Incidence of Hypertension Among US Hispanics/Latinos: The Hispanic Community Health Study/Study of Latinos, 2008 to 2017. Journal of the American Heart Association. 2020;9(12):e015031. doi:10.1161/JAHA.119.015031.
- Tremblay J, Bello NA, Mesa RA, et al. Life’s Essential 8 and Incident Hypertension Among US Hispanic/Latino Adults: Results From the Hispanic Community Health Study/Study of Latinos. Journal of the American Heart Association. 2023;12(24):e031337. doi:10.1161/JAHA.123.031337.
- Alvarez L, April-Sanders A, Duran Luciano P, et al. Hypertension Prevalence among Hispanics/Latinos of Dominican Background: A Transnational Comparison of HCHS/SOL and ENPREFAR-HAS-17. Global Heart. 2024;19(1):71. doi:10.5334/gh.1352.
- American Heart Association/American College of Cardiology. 2025 Guideline for the Prevention, Detection, Evaluation, and Management of High Blood Pressure in Adults. 2025.
- U.S. Census Bureau. American Community Survey 2024, Table B03001: Hispanic or Latino Origin by Specific Origin; y 2020 Census Detailed Demographic and Housing Characteristics File-A.
- Sorlie PD, Allison MA, Avilés-Santa ML, et al. Prevalence of Hypertension, Awareness, Treatment, and Control in the Hispanic Community Health Study/Study of Latinos. American Journal of Hypertension. 2014;27(6):793-800. doi:10.1093/ajh/hpu003.
Este artículo tiene fines educativos e informativos y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni las indicaciones individualizadas de los profesionales responsables de la atención de la paciente.
Últimas Entradas
- La hipertensión NO afecta a todos los latinos por igual: el Caribe bajo la lupa

- Hipertensión en el embarazo: una de cada 10 y una señal cardiovascular que no debemos ignorar

- Más allá de las estatinas: expertos latinoamericanos trazan nuevas estrategias para controlar el colesterol LDL

- ¿Puede una inteligencia artificial ser consciente? La pregunta que está transformando el diagnóstico médico

- De la medicina basada en la autoridad a la medicina basada en evidencia: una revolución que sigue salvando vidas

- Dr. Enrique Sánchez es designado miembro del Comité Editorial de la Revista Ciencia y Salud de INTEC
