Nuevos datos muestran un importante aumento de la hipertensión durante el embarazo y refuerzan la necesidad de actuar sobre los factores de riesgo desde antes de la gestación
La hipertensión durante el embarazo continúa ganando terreno como uno de los grandes desafíos de la salud materna y cardiovascular.
Una reciente publicación de JAMA ha llamado la atención sobre un dato contundente: aproximadamente una de cada 10 madres que dieron a luz en Estados Unidos durante 2024 presentó hipertensión gestacional, según información del National Vital Statistics System de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). [1,2]
La cifra alcanzó 10.4% en 2024, frente a 6.0% en 2016. Esto representa un incremento relativo de 73% en apenas ocho años. [1,2]
Más allá de la magnitud del aumento, los datos ponen sobre la mesa una cuestión particularmente relevante para la prevención cardiovascular: la frecuencia de hipertensión aumentó progresivamente a medida que se incrementaba el índice de masa corporal previo al embarazo. [2]
El mensaje merece atención: el cuidado cardiovascular de la mujer no comienza cuando aparece una complicación durante la gestación. En muchos casos, debe empezar mucho antes.
¿Qué entendemos por hipertensión gestacional?
Desde el punto de vista clínico, el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) define la hipertensión gestacional como la aparición, después de las 20 semanas de embarazo, de una presión arterial sistólica de 140 mmHg o más y/o una presión diastólica de 90 mmHg o más en una mujer que previamente presentaba cifras normales de presión arterial. [3]
Cuando las cifras alcanzan 160/110 mmHg o más, se considera hipertensión severa y existe un riesgo significativamente mayor de complicaciones. [3]
Es importante distinguir además la hipertensión gestacional de la preeclampsia, una condición en la que la aparición de hipertensión puede acompañarse de proteinuria u otros signos de afectación de órganos.
Existe una consideración metodológica importante respecto al informe de los CDC. En los certificados de nacimiento estadounidenses, la variable denominada “hipertensión gestacional” incluye tanto la hipertensión inducida por el embarazo como la preeclampsia. Por tanto, la clasificación utilizada en el informe no corresponde exactamente a la definición clínica estricta de hipertensión gestacional utilizada en la práctica médica. [2]
Aun tomando en cuenta esta precisión, la tendencia observada merece atención.
De 6% a más de 10% en ocho años
El análisis del National Center for Health Statistics se realizó utilizando los certificados correspondientes al 100% de los nacimientos registrados en Estados Unidos entre 2016 y 2024. [2]
En 2016, la hipertensión gestacional se registraba en aproximadamente 6 de cada 100 madres que daban a luz.
Para 2024, la cifra había aumentado a 10.4 de cada 100.
Es decir, en menos de una década se produjo un incremento relativo de 73%. Además, el aumento no quedó limitado a un grupo específico: la tendencia se observó en diferentes edades, categorías de peso y áreas geográficas de Estados Unidos. [2]
La publicación de JAMA destacó también que las mayores frecuencias se observaron entre mujeres de 40 años o más, aquellas con un mayor índice de masa corporal antes del embarazo y quienes cursaban embarazos múltiples. [1,2]
Obesidad y embarazo: una asociación que no podemos ignorar
Uno de los hallazgos más relevantes desde el punto de vista de la prevención fue la relación entre el índice de masa corporal (IMC) antes del embarazo y la frecuencia de hipertensión gestacional.
En 2024, las cifras registradas fueron: [2]
- Bajo peso: 5.5%
- Peso normal: 6.8%
- Sobrepeso: 10.0%
- Obesidad: 15.4%
Esto significa que la hipertensión gestacional fue registrada en aproximadamente 15 de cada 100 mujeres con obesidad previa al embarazo, frente a menos de 7 de cada 100 entre aquellas que comenzaron su embarazo dentro del rango de peso normal. [2]
La diferencia es considerable.
Sin embargo, es importante interpretar correctamente estos datos. El análisis no demuestra que la obesidad sea la causa directa de cada caso de hipertensión gestacional. Lo que sí muestra es una asociación clara entre un mayor IMC antes del embarazo y una mayor frecuencia registrada del trastorno.
La obesidad también es reconocida por organizaciones como la American Heart Association como uno de los factores que aumentan el riesgo de desarrollar preeclampsia, junto con condiciones como hipertensión crónica, enfermedad renal, diabetes y antecedentes de preeclampsia. [4]
Por eso, hablar de prevención implica mirar también hacia la etapa previa a la gestación.
El embarazo puede revelar un riesgo cardiovascular que ya estaba presente
El embarazo supone un importante desafío fisiológico para el sistema cardiovascular.
Durante esos meses aumentan el volumen sanguíneo y las demandas metabólicas y hemodinámicas del organismo. En algunas mujeres, esta etapa puede poner de manifiesto una predisposición cardiovascular que anteriormente no había producido manifestaciones clínicas evidentes.
Por esta razón, condiciones como la hipertensión gestacional y la preeclampsia no deben considerarse únicamente problemas obstétricos.
El informe del CDC señala que los trastornos hipertensivos del embarazo se encuentran entre las principales causas de morbilidad y mortalidad maternas en Estados Unidos y están asociados con complicaciones como desprendimiento placentario, daño o insuficiencia orgánica y mayor riesgo de enfermedad cardiovascular posteriormente en la vida. [2]
También pueden existir consecuencias para el embarazo y el recién nacido, entre ellas restricción del crecimiento intrauterino, parto prematuro, bajo peso al nacer, muerte fetal y mortalidad neonatal. [2]
Existen otros factores que elevan el riesgo
El peso previo al embarazo no fue la única variable relevante encontrada en el informe.
En las mujeres de 40 años o más, la frecuencia registrada de hipertensión gestacional alcanzó 12.2% en 2024. [2]
Los embarazos múltiples mostraron una diferencia todavía mayor.
En madres con embarazos de un solo bebé, la frecuencia fue de 10.2%. Entre aquellas con gemelos o embarazos múltiples de mayor orden, alcanzó 17.0%. [2]
La American Heart Association también identifica entre los factores asociados a mayor riesgo de preeclampsia la hipertensión crónica, la enfermedad renal, la diabetes, antecedentes personales o familiares de preeclampsia, embarazos múltiples y obesidad, entre otros. [4]
No todos estos factores pueden modificarse.
Precisamente por eso adquiere mayor importancia identificar y controlar aquellos sobre los cuales sí es posible intervenir.
Prevenir antes del embarazo también es prevención cardiovascular
Una de las principales enseñanzas que podemos extraer de estos datos es la importancia de fortalecer el cuidado preconcepcional.
Esperar hasta que aparezca hipertensión durante el embarazo para comenzar a pensar en salud cardiovascular significa perder una oportunidad preventiva importante.
La evaluación y el manejo de condiciones como:
- obesidad y sobrepeso;
- hipertensión arterial previa;
- diabetes;
- enfermedad renal;
- alimentación inadecuada;
- sedentarismo;
- y otros factores cardiometabólicos,
pueden formar parte de una estrategia integral de cuidado de la mujer antes de iniciar un embarazo.
Esto no significa que todos los casos de hipertensión gestacional puedan prevenirse. Existen múltiples mecanismos biológicos y factores de riesgo que no son modificables.
Significa, más bien, que llegar al embarazo con una mejor salud cardiovascular puede ayudar a reducir riesgos modificables y permite identificar desde el inicio a mujeres que pueden necesitar una vigilancia más estrecha.
La American Heart Association destaca entre las medidas generales de cuidado durante el embarazo la atención médica temprana y regular, el control de la presión arterial, una alimentación cardiosaludable y la actividad física apropiada según las condiciones de cada mujer. [4]
Detectarla a tiempo es fundamental
La hipertensión durante el embarazo puede presentarse sin síntomas evidentes.
Por ello, la medición de la presión arterial constituye una parte esencial del seguimiento prenatal. ACOG recomienda evaluar la presión arterial regularmente durante las consultas de control del embarazo. [3]
Cuando se diagnostica hipertensión gestacional, la paciente requiere vigilancia para detectar oportunamente una posible progresión hacia preeclampsia u otras complicaciones.
Algunos signos y síntomas que pueden acompañar cuadros de preeclampsia incluyen:
- dolor de cabeza intenso o persistente;
- alteraciones visuales;
- dolor en la parte superior del abdomen;
- dificultad respiratoria;
- náuseas o vómitos;
- y edema de aparición rápida. [3,4]
La presencia de hipertensión severa o síntomas sugestivos de complicaciones requiere valoración médica inmediata.
El tratamiento debe individualizarse de acuerdo con el tipo de trastorno hipertensivo, la severidad de las cifras, la edad gestacional y las condiciones clínicas de la madre y el feto.
Por ello, el mensaje no debe ser simplemente “bajar la presión”, sino identificar, clasificar, vigilar y tratar oportunamente a cada paciente.
El cuidado no termina con el parto
Otro punto fundamental es que haber presentado hipertensión durante el embarazo no debe desaparecer de la historia cardiovascular de una mujer una vez que nace el bebé.
Aunque la hipertensión gestacional puede resolverse después del parto, estos antecedentes pueden tener implicaciones para la salud cardiovascular futura. [2,3]
Los trastornos hipertensivos del embarazo constituyen, por tanto, información relevante para evaluar posteriormente el riesgo cardiovascular de la mujer.
El embarazo puede convertirse en una verdadera ventana hacia la salud cardiovascular futura.
Una complicación hipertensiva no debería quedar registrada únicamente como un episodio obstétrico pasado. También representa una oportunidad para prestar mayor atención a la presión arterial y otros factores de riesgo cardiovascular a lo largo de la vida.
Una oportunidad para actuar antes, durante y después
El incremento de la hipertensión gestacional observado en Estados Unidos constituye una señal que merece atención.
No podemos asumir que la cifra de 10.4% sea idéntica en República Dominicana ni extrapolar directamente estos resultados a nuestra población. Se necesitan datos nacionales adecuados para conocer nuestra verdadera realidad epidemiológica.
Pero el mensaje preventivo trasciende fronteras.
La hipertensión durante el embarazo puede tener consecuencias importantes y se relaciona con factores cardiometabólicos que, en muchos casos, están presentes desde antes de la gestación.
Por eso, la respuesta debe involucrar diferentes etapas de la vida de la mujer:
Antes del embarazo, trabajando sobre los factores de riesgo modificables.
Durante el embarazo, garantizando controles prenatales, detección precoz, seguimiento y tratamiento oportuno cuando sea necesario.
Después del parto, reconociendo los antecedentes de trastornos hipertensivos del embarazo como información relevante para la evaluación cardiovascular futura.
Desde la Sociedad Centro Caribeña de Hipertensión y Prevención Cardiovascular (SCCHPC) destacamos la importancia de promover una visión integral de la salud cardiovascular femenina.
Cuidar la presión arterial durante el embarazo protege a la madre y al bebé. Atender los factores de riesgo desde antes de la gestación puede permitir llegar a esta etapa en mejores condiciones. Y continuar el seguimiento después del parto puede transformar una complicación del embarazo en una oportunidad de prevención cardiovascular para toda la vida.
Referencias
1. Anderer S. Gestational Hypertension Has Increased, Affecting 1 in 10 Pregnancies. JAMA. Publicado en línea el 21 de agosto de 2026. doi:10.1001/jama.2026.12057.
2. Gregory ECW. Trends and Characteristics in Gestational Hypertension: United States, 2016–2024. National Vital Statistics Reports. 2026;75(4). National Center for Health Statistics.
3. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Preeclampsia and High Blood Pressure During Pregnancy.
4. American Heart Association. Preeclampsia, High Blood Pressure and Maternal Health. 2026.
Este artículo tiene fines educativos e informativos y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni las indicaciones individualizadas de los profesionales responsables de la atención de la paciente.
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